Capítulo II: Una canción pidiendo auxilio
Savin me
–Nickelback
Eric estaba escondido. Y para su horror, se le había
caído el EXP 58. Si aquel aparato caía en malas manos ¿qué demonios iba a
hacer? Ahora mismo sólo podía rezar que aquella persona que lo hubiese
encontrado jamás lo utilizara, pero sabía que daba el pego demasiado bien.
Debía buscar a su portador antes de que fuera demasiado
tarde.
Pero ya era
demasiado tarde, que era lo que más le asustaba al chico. Aquella tecnología
podía causar estragos en el planeta o totalmente al contrario, salvarlo. Pero
sabía que esa mujer no quería salvar el planeta. Claro que no.
-Es como una peli mala de terror-murmuró Eric por lo bajo
para sí mismo, escondido en el callejón. Tragó saliva.
No sabía qué era lo que iba a hacer en ese momento.
¿Seguir corriendo? ¿Eso era lo que le esperaba, correr durante el resto de su
vida? No, no era lo que quería ni lo que tenía que hacer, ni mucho menos.
Tragó saliva. Era un genio, por el amor de Dios. No era
tan difícil de crear un plan. Su pecho subía y bajaba por la excitación de
haber estado corriendo, ya de noche.
Tenía que volver a su piso, pero sabía que era en el
primer lugar en el que lo estarían buscando. Sacó unas gafas de sol
aparentemente de su chaqueta y se las puso, mientras accionaba uno de los
botones. Podía ver con ellas a través de las cosas. Corrió de forma sigilosa
por las calles, esperando, aguardando a que nadie le pudiera ver. Serían altas
horas de la madrugada.
Volvió a tragar saliva. Observó la sombra de una
cabellera morada como la berenjena y cerró los ojos, ocultándose en silencio
detrás de un contenedor. Esperó a que se fuera y corrió al coche más cercano,
un todoterreno. Era ingeniero y no le costó mucho hacerle un puente. No tenía
tiempo de pensar en la legalidad ni en que estaba cometiendo un delito.
Es más, no tenía
tiempo, de cualquier otro modo. Arrancó y pisó el acelerador, saliendo de
esas calles de mil demonios, donde la decencia brillaba por su ausencia.
_
La claridad del día invadió las ventanas de la habitación
de Bel. Ella fue la primera en despertarse, así que se lavó los dientes y sin
hacer ruido se puso su chándal, cogió su MP4 nuevo y dejó a su familia y amigos
dormir tranquilos.
Cuando pisó la calle, tiritó un poco de frío. Su
cumpleaños siempre había sido el inicio del otoño y los cambios de temperatura
no es que fueran lo que más le entusiasmara del mundo. Si por ella fuera, todos
los meses del año serían primavera. Se puso la capucha negra del chándal y echó
a correr a paso ligero, encendiendo el mp3 y notó por primera vez la sensación
de un subidón de adrenalina. Cerró los ojos y escuchó la canción. Parecía que
PJ había hecho bien sus deberes y había metido en aquél aparato justo el tipo
de música que le gustaba. Sonrió un poco.
Echó a correr sintiéndose un poco más libre y por un
momento, no pensó en Gabriel. Se concentró en aquella canción en la que pedía
que alguien le salvara a gritos. Pestañeó varias veces, sin parar de correr.
Estaba a punto de cruzar la carretera cuando desvió la mirada hacia el otro
paso de peatones, en el que una mujer mayor estaba a punto de ser atropellada
por un coche que venía a toda mecha. La mujer no pareció darse cuenta ni el
conductor tampoco, que parecía ebrio y gritaba cosas por la ventana que no eran
muy agradables al oído. Bel se mordió el labio, pero le bastó segundos para decidir
echar a correr hacia la mujer.
Y entonces ocurrió lo improbable. Agarró del brazo a la
mujer y la llevó al otro extremo de la calle que iba a cruzar. Sólo tardó dos
segundos, Bel y la anciana se miraron atónitas durante un segundo. Después de
aquello Bel desapareció antes de que la mujer pudiera darle las gracias,
esfumándose en el aire y dejando sólo un rastro de energía morada.
Bel llegó a su casa muy asustada. Empezó a dar vueltas
como si fuera un león encerrado alrededor de la mesa que tenían en su salón,
pensando en lo que acababa de pasar. No había salido ni dos minutos fuera para
correr y había sucedido aquello tan extraño… Respiró hondo y se dijo así misma
que era improbable lo que había pasado. Científicamente aquello no tenía
sentido. Nadie era capaz de correr tanto, nadie. Ni Usain Bolt era capaz, así
que ella lo sería aún menos, llevando corriendo apenas un mes. Salió al patio y
la canción paró de sonar, escuchó un pitido suave y a continuación una voz
femenina suave y demasiado melosa para su gusto. Asustada, le dio más volumen y
la escuchó entera.
‘’Si has logrado
activar esto, significa que eres el
elegido para ser el portador del EXP 58, es decir que el aparato te ha elegido
a ti como su legítimo dueño. Como sabrás, el aparato se amolda a su usuario, y
le otorga habilidades extraordinarias, según la canción que se esté
reproduciendo.’’ Bel frunció el ceño, aquello no tenía sentido para ella,
pero sin embargo, siguió escuchando ‘’Úsalo
para el sueño que perseguimos en común; para un mundo mejor. Con mis mejores
deseos y felicitaciones, T.’’
Bel se quitó los cascos y suspiró profundamente.
<<Vale, quizás este soñando. Pero este sueño no es que tenga mucha
gracia. Ya sé, le preguntaré a PJ, ella debe saber algo, después de todo es su
regalo>> pensó para ella misma y subió las escaleras de su habitación,
tras cerrar la puerta de su patio.
Miró a PJ dormida plácidamente en un colchón del suelo,
justo al lado de Guillén, que roncaba como si no fuera un mañana. Bel torció el
gesto, al escuchar a Guillén. Suspiró y le dio una patada suave en la rodilla a
PJ.
-Mamá… Quiero dormir un poco más… Es sábado-murmuró PJ
medio dormida, rodando sobre su colchón.
-Paula Johanna.-gruñó Bel por lo bajo-Que te despiertes, joder.
-¿Bel?-PJ se frotó los ojos, observando a Bel.-Es muy
temprano, ¿qué quieres?
-Levanta el culo, tenemos que hablar.-murmuró Bel,
saliendo con cuidado de la habitación para no despertar a Guillén. PJ la siguió
caminando de mala gana.
-¿Qué pasa? ¿Tienes la regla? Porque te veo más gruñona
de lo normal-masculló entre dientes PJ.
-¿De dónde sacaste el MP4?-susurró Bel cuando bajaron a
la cocina y preparó poco a poco el desayuno de ella y de su amiga.
PJ pareció pensárselo unos segundos que a Bel le
parecieron eternos.
-¿Por? ¿Lo quieres devolver?-inquirió tomando aquel matiz
de inocencia fingida que Bel ya conocía demasiado bien-Oye, que si no te gusta
me lo puedes decir directamen…
-No es eso-la cortó Bel antes de que se pudiera inventar
una excusa mejor.-Quiero que me digas de dónde lo has sacado.
-Pues… Bueno…-Empezó PJ y Bel frunció el ceño.-Me
disponía a buscarte un regalo de cumpleaños-PJ tragó saliva, Jesús, se dijo a
sí misma, ¿cómo iba a explicarle a Bel que técnicamente se lo había robado al
tío más guapo que había visto en su vida?-Y bueno… Me tropecé con alguien y… Lo
encontré.
-¿Lo encontraste? ¡¿Lo encontraste?!-Bel suspiró hondo
intentando no alzar la voz mucho.-¿Dónde lo encontraste?
-Se le cayó al suelo a un tío bueno-repuso PJ,
enrojeciéndose de forma repentina.
-O sea, que me has regalado el mp4 de un desconocido.-Bel
alzó la voz un poco.
-¡Oye, no sé qué mosca te ha picado! ¿Pero sabes lo
difícil que eres de complacer? No eres fácil de buscar un regalo y se me
presentó la oportunidad perfecta y…
-Ah, no seas melodramática y cállate la boca.-replicó
Bel, de malhumor.-No se trata de eso, pero imagínate que esta cosa hubiera sido
algo peor.
-Pero si es un mp4 ¿qué te va a hacer? ¿Asfixiarte con
los cascos?-dijo PJ, sarcástica.
-Bien. Como te crees tan graciosa, te voy a mostrar lo
que hace esta maldita cosa.-replicó Bel, agarrándola del brazo.
-Te ha salido un pareado…-intentó bromear PJ, pero Bel no
le hizo ningún caso. Se puso los cascos y encendió el mp3, escuchando una
canción distinta a la anterior.
Abrió la puerta, arrastrando aún a PJ del brazo y intentó
concentrarse para echar a correr, pero no pasó nada.
Aunque en su lugar, empezó a flotar en el aire. PJ
intentó gritar pero le tapó la boca. Estaban
volando. Bel miró al suelo, estupefacta y cada vez cogiendo más altura.
Agarró con fuerza y ambas manos a PJ para que no se cayera y voló hacia el
suelo a velocidades de bala.
Se cayeron al suelo, estampándose contra la grava de la
carretera.
-¡¿Pero qué coño ha sido eso?!-gritó PJ mientras se ponía
de pie, alarmada.
Bel murmuró una palabrota poniéndose de pie.
-No grites, hay gente que duerme.-masculló Bel entrando
de nuevo a su casa.-Es la cosa esta, que da habilidades raras.-dijo, levantando
el mp3 para que lo viera mejor.
-¡Pero si es un puñetero mp3! –exclamó PJ cada vez más
alterada.- ¡Un puñetero mp3 normal y corriente!
-Pues ya has visto que no-replicó Bel, molesta.-Si
quieres te lo demuestro una vez más, eh, que seguro que te lo tienes merecido,
por regalarme esta cosa que además de todo es robada.
-Ah, no, no, no-negó varias veces PJ con la cabeza-No voy
a volar de nuevo, jamás se te ocurra volverme a hacer volar.
Bel abrió la boca para contestarle, pero la cerró cuando
oyó pasos bajar las escaleras.
Guillén bajó las escaleras frotándose los ojos y mirando
a ambas discutiendo.
-Gritáis mucho, panda de locas-gruñó el pobre chico por
lo bajo.-Tanto que me habéis despertado y estaba soñando con Ariana Grande en
bikini y estábamos juntos en…-dijo Guillén con tono risueño. Después las miró,
que parecía que tenían ganas de matar a alguien y rezó para que no le
descuartizaran a él.-¿Qué pasa? ¿Se os ha sincronizado el periodo o algo así?
Porque si queréis os traigo Nutella o
lo que sea que os guste durante la regla, pero no me matéis, por favor.
Bel le contó lo que había pasado y PJ lo corroboró.
Guillén se echó a reír, después de escucharlas.
-Los efectos del vodka todavía os duran ¿eh?
-Que no es una broma, idiota-dijo Bel en tono de
enfado.-Que de verdad puedo volar y ser super rápida.
-Anda ya, Bel. Lees demasiados comics, lees demasiados
hasta para mí-farfulló Guillén volviéndose a subir las escaleras-Me voy a la
cama de nuevo, a ver si así tengo suerte y sigo soñando con Ariana Grande y…
Bel lo agarró y se elevó un poco en los aires dentro de
su casa. Después lo bajó y apagó el mp3 antes de que sonara otra canción de
nuevo. Aterrizó en el suelo, intentando no caerse de nuevo, pero se tropezó un
poco.
-¡Joder, tía! ¡Eres Supergirl!-exclamó
Guillén, excitado, acercándose para mirar al mp3 con más atención.-Y eso que
parece tan normal…
-No digas chorradas.-le reprendió PJ.-Es serio.
-Si Bel es Batman…
¡Me pido ser Robin!-exclamó Guillén emocionado.-Y eso convertiría a PJ en
Alfred-se rió un poco por lo bajo. PJ le miró como si fuera un mosquito al que
tuviera que aplastar.
-No voy a ser Batman.-cortó
a Guillén y él la miró, incrédulo.-Esto no es mío, es de otra persona y hay que
devolverlo.
-Bel, podrías cambiar el mundo con eso…-contestó Guillén
y PJ asintió.-Además, ya oíste el audio de la mujer esa. Eres la elegida por
ese cacharro. Puedes ser una heroína y proteger a la gente del mundo y de esta
ciudad.
-No tengo madera de heroína-contestó Bel, pero pareció
olvidarse de lo de entregarlo.
-La verdad es que siempre te he visto más como
antiheroína-contestó PJ. Bel la miró enarcando una ceja.-Pero Guillén tiene
razón. Quizás sea el destino el que te ha dado ese regalo, no yo y si el
destino lo quiere, es que quiere decir que quiere que hagas grandes cosas.
-Pero no se lo puedes decir a nadie más que a nosotros
–añadió Guillén.-Quién sabe lo que ocurriría si esto cae en manos enemigas.
-Necesitas un disfraz-dijo PJ, sonriendo.-Te coseré uno.
-Y un nombre chulo. Y una guarida y también un coche
parlante-añadió Guillén, asintiendo de forma enérgica.
-Pero ¿queréis parar el carro?-dijo Bel, riéndose un
poco.- Aún no he decidido nada… Además, ¿de dónde voy a sacar el dinero para
una guarida y un coche parlante?
-¡Ves! Si te seduce la idea y todo.-se rió Guillén
también. Bel esbozó una media sonrisa.-Pero antes… Debes aprender a controlar
esa cosa.
Bel miró el MP3 y asintió.
-Está bien. Lo probaré.- contestó Bel y PJ aplaudió
entusiasmada-Pero no prometo nada ¿eh?
-Siempre te ha gustado ayudar a los demás, y esta vez lo
harás a lo grande ¡imagínalo!-le sonrió Guillén.
-Está bien.-asintió Bel, sonriendo.
_
Eric abrió los ojos. Le había despertado el pitido de una
alarma de su móvil.
Había aparcado en una especie de bosque que había a las
afuera de la ciudad, un lugar donde sabía que nunca lo buscarían. Era un friki de los ordenadores, no de la
naturaleza.
Miró el móvil. Demasiado tarde.
El EXP 58 había encontrado portador. Eric tragó saliva.
Debía de volver a la ciudad, por el bien del mundo
entero. Y estaba dispuesto a poner en riesgo su vida si eso salvaba la de
otros.
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