-Sigo esperando, acechando y aguardando. Pronto no quedará nada de ti.-su sonrisa le produjo una extraña sensación, quería correr pero estaba paralizado.
-¿Por qué lo haces?-le preguntó, mirándola a los ojos.
-Porque si el karma no actúa contigo, forzaré las cosas.-dijo con una sonrisa.
Gabriel la miró, atónito. No sabía lo que le había pasado a Bel, pero supo, de alguna forma, que era un monstruo que había creado él mismo. Tragó saliva y la observó desaparecer entre la oscuridad de ese callejón y cuando quiso darse cuenta, ya no estaba.
La tierna y dulce Bel... Le había mirado con odio y había fuego y rencor en su mirada.
Bel, por su parte, sabía que lo que acababa de hacer había sacado a la villana que tenía dentro y ella quería ser una heroína. Respiró hondo y se dijo así misma que debería intentar perdonar. Pero no podía. No, a él no.
La noche era más hermosa que nunca, se dijo a sí misma mirando las estrellas. Aquella isla olía a mar y le gustaba, a pesar de todo. Pero no podía quedarse.
Se puso los cascos, encendió el mp3 procurando que estuviese escondido y sintió la sensación maravillosa que le producía cada vez que se adhería a su cuerpo. Se encapuchó y pronto no quedó de ella nada más que una franja morada detrás de ella.
Pero no se le olvidó la sensación que tuvo tras decirle esas palabras a Gabriel.
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