jueves, 8 de octubre de 2015

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Sólo me tranquiliza algo, y es tu sonrisa. O al menos, imaginarme que sonríes cuando me lees, cuando te saludo cada mañana (aun no teniendo un por qué), cuando piensas en mí y cuando dices que me quieres.

Eso es lo único que me tranquiliza. Y a la vez me inquieta, me asusta, porque si estoy un minuto sin hablarte, ya es una condena. Y tus condenas tienden a ser largas, que son tus silencios.

Sólo hay algo que me tranquiliza y eres tú. Y por eso, estoy asustada.

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