He pensado en la muerte. Hace mucho que no pienso en ella, pero tras gritos de mi padre y intentar evadirme en un baño caliente de frambuesa, me ha dado tiempo para pensar.
En todo. De todo. Incluso en lo que no quiero, una mierda, vamos.
Pero sí. Han pasado cinco o seis años de lo que dejó mi mundo patas arriba. Yo tenía quince años. Era una cría estúpida (y en cierto modo lo sigo siendo) y pensaba en ella, en la muerte. Constantemente, porque pensaba que ese dolor no se iba a ir nunca. Y quizás, no se vaya, hasta que deje de guardar rencor. Pero no creo que lo haga.
Con los años me di cuenta de que era rematadamente idiota. Y con las horas, también me he dado cuenta de que lo he sido.
Pero siento que algo horrible intenta devorarme por dentro. Y que lo va a conseguir, créeme, lo hará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario