martes, 22 de septiembre de 2015

21.

Ventiún años... La fatídica cifra. Tengo edad legal para beber en EEUU. creo que si ya me dio la crisis de los veinte, es más que probable que me de la de los veintiuno (sé que suena ridículo, pero estoy hiperventilando sólo de pernsar que me queda un año menos para los treinta). Odio cumplir años... No por el hecho de envejecer, sino porque me da la sensación de que no he hecho nada útil y siento como que tardo cada vez más en reaccionar, en hacer las cosas que se supone que debería hacer a mi edad, que hace la gente de miedad. Sexo, alcohol y rockandroll y todo eso (aunque ahora es más bien sida, porros y skrillex). Quizás estoy delirando. Quizás, quizás.

Ventiún otoños. Dios mío, otoños, sí... Justamente el día de mi nacimiento coincide en un equinocio, el de otoño. Mi padre me ha dicho siempre que es porque es un día especial para nacer. Quizás esté un poco cabreada conmigo misma por no estar haciendo lo que debería. Es decir, estar terminando una carrera y viviendo en Madrid.

Mejor dejo de escribir, me estoy poniendo melodramática y mi padre está apunto de darle un síncope de tanto gritar.



Otoños... Empiezo a ver como caen las hojas del árbol de mi juventud.

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