El fuego la encandilaba, la atraía, sinuoso, desconcertante e hipnótico.
Siempre había sentido una atracción especial por él. Llegó a pensar que quizás fuese a causa de una piromanía incipiente, pero no era así. Tampoco se veía como una loca quema cosas/personas. Tenía mal carácter, pero si de algo podia presumir, ciertamente era de su buen corazón.
Fijó, con calma, los ojos en las llamas que emanaban de la chimenea.
Entendía el peligro de tocarlo. Pero ¿cómo resistirse a lo irresistible?
Claro que, eso era también aplicable a otros ámbitos de su vida, pero eso era otra cosa.
Cerró los ojos y llevó la mano derecha hacia el interior de la chimenea, y cuando los abrió, no sintió quemazón, sólo un ligero cosquilleo y un reconocimiento como si acabase de ver a un viejo amigo.
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