Ya ves en lo que desemboca una mentira. Ya lo ves. Te han fallado las excusas y lo supe, lo supe todo cuando te he vuelto a mirar a los ojos, a tus ojos traidores, que nada más buscan un trozo de mi corazón roto. Fuiste carroñero, y intentaste comer de mí los despojos.
Pero, tras pensarlo a fondo, he decidido que en vez de enamorarme de un buitre, me quedo con mi corazón roto y con un amor herido de guerra, cojo, pero siempre eterno.
La Musa Prohibida se queda en mi mente, hasta que la muerte me la arranque.
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