mientras yo misma atravesaba
mis propias tempestades.
De pronto llegó y fue tan
azul como siempre soñé.
Y cuando me azotó no
sentí miedo ni frío,
fue como si por primera vez
en mucho tiempo volviese
a casa.
Rezo a Dios
-o a quien sea que me escuche-
que nunca más amaine.
No hay comentarios:
Publicar un comentario